jueves, 6 de octubre de 2011

Jesucristo, como “Creador” de su Iglesia

Antes de considerar esta sección muy importante de la Escritura acerca de la relación entre Dios y Jesucristo, es necesario discutir brevemente la relación entre las epístolas de Efesios, Filipenses y Colosenses; paralela a la de los Romanos, Corintios y Gálatas.

Efesios establece doctrina, Filipenses corrige el fracaso práctico de las personas a que se adhieran a esa doctrina y Colosenses lidia con las deviaciones de la doctrina, que se alejan de la revelación de Efesios que llevaron a los errores prácticos. Así como en Gálatas se puede leer muchas de las mismas verdades declaradas en la carta a los Romanos, en Colosenses se puede leer muchas de las verdades registradas en Efesios. De hecho, muchas de las construcciones griegas son exactamente iguales.

Colosenses reitera la verdad básica de Efesios acerca de la Jefatura de Jesucristo en relación a su Cuerpo [la Iglesia]. Si mantenemos estas verdades fijas en la mente, sobre todo recordando lo que se leyó en Efe 2.15, podemos “correctamente manejar” (2 Tim 2.15) la siguiente sección de la Escritura [Col 1.15-18]; una que ha sido para la mayoría de los cristianos muy difícil.

El lenguaje en este pasaje de Colosenses debe de ser cuidadosamente comparado con el lenguaje similar al de Efesios 1, cual nos da la base doctrinal para corregir la mala enseñanza y equivocaciones en la cuidad de Colosas en respecto a Cristo. Ambos pasajes describen su glorificación y poderío después de la resurrección, y contienen un lenguaje similar en cuanto a su supremacía sobre “los gobiernos, potestades”, etc.

Al poner lado a lado los conceptos correspondientes a estas dos epístolas, podemos ver fácilmente la correlación precisa de la materia.

Cuando una correlación doctrinal tan precisa existe, no es necesario estirar el pasaje en Colosenses más allá de su intención, en particular en lo que se refiere el v. 16, cual se cita a menudo como prueba de que Jesucristo creó los cielos y la tierra. Es evidente que el contexto de estos versículos trata con su glorificación después de la resurrección y no algún estado eterno como el preexistente Hijo, parte de una Deidad trina. Sin embargo, hay que notar en especial el v.16, debido a que amplifica la verdad de 1 Cor 8.6. El lector puede recordar que la preposición griega dia aparece en ese versículo dos veces con un significado similar.

Las Epístolas muestran la relación de Cristo a la Iglesia, su Cuerpo, del cual él es la cabeza. Ya que las Epístolas son el vértice de la revelación de Dios a la humanidad, Efesios es el ápice de la revelación de las Epístolas. En la última mitad de Efe 2.10-15, Dios expone cómo, a través de Cristo, ambos Judíos y Gentiles tienen entrada en el Cuerpo de Cristo y cómo, en Cristo, han sido hechos “un nuevo hombre”.

La manera en que Cristo está “creando” a un hombre nuevo, es llenando a cada miembro de su Cuerpo con todo lo que Dios le ha dado. Esta “creación” es doble. En primer lugar, el señor Jesús “crea” el don del espíritu santo en una persona en el momento de su nuevo nacimiento. En segundo lugar, en lo que el creyente viene a obedecer la Palabra de Dios, se convierte en una “nueva creación”, siendo transforma desde adentro hacia afuera por el poder inherente de este naturaleza divina en su interior. Varios pasajes de las Epístolas a la Iglesia hablan de esta nueva creación: 2 Cor 5.17, 18ª; Efe 4.23-24; Col 3.10-11.

Por lo menos, podemos concluir de estos versículos que Cristo es “co-creador” con Dios de esta nueva creación, que se manifiesta dentro de cada creyente y en el cuerpo colectivo de Cristo.

Sabemos que Col 1.15-16 no se puede estar diciendo que Cristo es el creador de los cielos y la tierra original, porque el v. 15 dice que es “el primogénito de toda criatura [o de “toda la creación”]. Si él fuera “el primogénito de toda la creación”, entonces es un ser creado. Las cosas que se habla en el pasaje anterior como siendo “creadas” no son piedras, árboles, pájaros, animales, etc., porque esas cosas fueron creadas por Dios. Estas cosas—“tronos, poderes, principados y potestades”—son los poderes y posiciones que se necesitaron por Cristo para reinar sobre el cielo y su Iglesia, y para ese propósito fueron creados por él.

Efesios 2.15 justamente usa la palabra “crear” según la palabra griega de cual procede (ktizo). Lo que vemos en este versículo es que Jesucristo ha creado algo y, de hecho, todavía está en el proceso de creación. ¿Qué es esta “creación” de Jesucristo? Por su puesto que, en su contexto, no es la “creación” de Gen 1.1. La Biblia dice que lo que Jesús hizo fue “crear en sí mismo a un nuevo hombre”. Ese “hombre nuevo” es la Iglesia, el Cuerpo de Cristo (Efe 1.22-23) que figurativamente “nació” el día de Pentecostés, llamando a ambos Judíos y Gentiles (Efe 2.15), “miembros de la familia de Dios” (Efe 2.19), el “templo santo” (Efe 2.21), la “morada de Dios” (Efe 2.22). Este es el “secreto” [misterio = musterion] sobre cual Pablo elabora en Efesios 3.

Según Col 1.13-15 si Dios es invisible, y si Jesús es la imagen de Dios, entonces, evidentemente, Jesús no es el Dios mismo.

Que Jesús es la “imagen del Dios invisible” es la misma verdad comunicada en Fil 2.6, cuando dice que “estaba en la forma de Dios.” Esto no es difícil de entender pero mucha gente ha sido confundida por la última mitad del v. 15: “el primogénito de toda creación.” A la mayoría de los cristianos se les ha enseñado que esto se refiere a la “creación” de Gen 1.1, pero el v. 16 define específicamente la esfera de la creación de la cual se está hablando: “tronos, poderes, principados o autoridades”. Esto encaja con el contexto de Colosenses, en lo que se refiere a Efesios.

La “creación” de Col 1.15 es la misma “creación” de Efe 2.15— ¡La Iglesia! Si seguimos leyendo Col 1, miraremos mas sobre esta creación.

La forma de hablar de “encarcelar” [epanadiplosis] nos ayuda a identificar el contexto adecuado en la frase “todas las cosas”, que se refiere a esas “cosas” necesarias para administrar en el cielo y en la Iglesia. Noten en el versículo anterior que la frase de “todas las cosas” ocurre antes y después de las cosas que fueron “creadas”, y por lo tanto, las define. “Todas las cosas” aquí son las “cosas” para la Iglesia y no las “cosas” de la creación original. La palabra “todo” se utiliza en su sentido más limitado y no universal. La frase aparece en un sinnúmero de otros lugares en las Epístolas Pastorales: ej., Efe 1.22-23.

“Todas las cosas” de Col 1.16-17 son las mismas “todas las cosas” de Efe 1.22-23. Como el señor exaltado y Jefe de la Iglesia, a Jesucristo se le ha dado toda autoridad sobre todos los poderes espirituales. “Todas las cosas” de Col 1.16 se refiere a “tronos, dominios, gobernantes o autoridades” en el reinado espiritual o angélico así como en lo físico, mayormente la Iglesia. Este es corroborado en Efe 1.22 donde dice que Jesús es la cabeza sobre todo para la Iglesia.

En el v. 17, vemos que Jesucristo es “antes” de todas las cosas. Esta palabra “antes” (pro), se puede usar en referencia a lugar, tiempo o superioridad. Aquí, en este contexto, se refiere claramente a la posición de un rango superior. Jesucristo es ahora el pre-eminente. Es en él en quien los propósitos finales de Dios para la humanidad se están manteniendo unidos. Esto nos lleva a concluir que el punto central de la sección es de mostrar que Cristo es “antes”, ej., “superior a” todas las cosas, así como dice el versículo. Si alguien insistiera en que se trata de tiempo aquí, señalaríamos al versículo siguiente donde Cristo es el “primogénito” de entre los muertos, y, por lo tanto, “antes” de su Iglesia; no solo en tiempo pero también por prioridad [estatus = posición].

Col 1.18 dice que “Él es el principio [arche], el primogénito de la resurrección, para ser en todo el primero.” La palabra trucida como “principio” es fiel en cuanto a enseñar como Jesucristo es el “principio” de la Iglesia, sobre cual él es supremo. Él tiene el cuerpo prototipo que todos los miembros de su Cuerpo espiritual le serán dados un día, y fue el primer “miembro” de la iglesia de ser establecido, es decir, la Cabeza.

Consideremos ahora la palabra “primogénito” que también vimos en el v.15. Hasta ahora hemos visto que Jesús es el “primogénito” de toda la creación y el “primogénito” de entre los muertos. En Rom 8.29 vemos que Jesucristo es “el primogénito entre muchos hermanos”. Dado que los otros usos de “primogénito” se refieren a la resurrección de Cristo, ¿crees que hay alguna posibilidad de que parte de la “toda la creación” de Col 1.15 re refiere a esos “muchos hermanos”, quienes serán levantados “de entre los muertos”? ¡Bingo! Recuerden Juan 5.26, donde leemos que Dios “también ha concedido al Hijo el tener vida en sí mismo”. Jesucristo es la Simiente Prometida [Gen 3.15] y como el resucitado señor a la diestra de Dios, él le da vida a quien cree en él como el señor mesías de Dios. ¡Y no como el Señor Dios! En el Día de Pentecostés, por primera vez derramo esa vida y comenzó la Iglesia de su Cuerpo. Ese día, por primera vez derramo el espíritu santo, el “depósito garantizando” vida eterna que un día dará a todos los que creen en él. Fue en Pentecostés cuando Jesucristo comenzó la Iglesia (Hechos 2).

Las frases, “el primogénito de toda la creación” y “el primogénito de entre los muertos”, en circula el dominio de la autoridad de la resurrección de Cristo. La “creación” a la cual se está refiriendo aquí es la nueva creación, la cual Jesucristo es el prototipo. No es sólo la primera persona que ha resucitado de entre los muertos, él es el primero en haber nacido de la muerte a la vida eterna con un cuerpo perfectamente adaptado para vivir eternamente en el cielo, o en la tierra. Esto coloca a Jesucristo en una posición única y avanzada, supremo por encima de todas las creaciones de Dios. De hecho, en su cuerpo resucitado se le ha dado el privilegio de participar en todo lo que Dios es, incluyendo su creatividad: Col 1.19-20.
Del Libro One God, One Lord,
por Mark H. Graeser John A. Lynn John W. Schoenheit.

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