sábado, 15 de octubre de 2011

Los cristianos y la ley de Moisés - Un estudio de Hechos 15

Enviado por contribuyente anónimo.
15 de febrero 2008

Hechos 15 describe la reunión más importante que tuvo la iglesia primitiva. El futuro de la iglesia estaba en juego; debía ser un grupo judío, o ¿aceptaría a gentiles?

Si los gentiles podían entrar en la iglesia sin seguir las leyes judías, la iglesia atraería a más gentiles, y finalmente los gentiles serían la mayoría. La iglesia ya no sería una secta del judaísmo, sino una fe distinta. Veamos cómo el concilio de Jerusalén se desarrolló.

El concilio viene en el centro de la historia inspirada de Lucas. Su libro comienza con la iglesia judía, dominada por Pedro en los capítulos 1 al 5. El libro termina con la misión de Pablo a los gentiles, en los capítulos 16 al 28. Los capítulos 6 al 15 forman una transición, alternando entre el crecimiento judío y gentil.

El capítulo 15, el concilio de Jerusalén, forma un clímax de la transición entre la evangelización judía y gentil. En el curso de la historia, el concilio forma el paso decisivo que impulsa la misión gentil al predominio. Pablo y Bernabé habían regresado de un exitoso viaje misionero en regiones gentiles. Le dijeron a la iglesia en Antioquía cómo Dios había "abierto a los gentiles la puerta de la fe" (14:27). Así se prepara el terreno para el capítulo 15.

 

Surge controversia

"Entonces algunos que vinieron de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis de acuerdo con el rito de Moisés, no podéis ser salvos" (15:1). Decían que la circuncisión era obligatoria para la salvación.

Probablemente pensaron que la pregunta era simple: los cristianos deben obedecer a Dios, y Dios había ordenado la circuncisión. Si las personas desean las bendiciones de Abraham, deben conducirse como hijos de Abraham, y eso significaba circuncisión para los gentiles así como para los judíos (Génesis 17:12).

Pablo y Bernabé tenían una opinión diferente: "Surgió una contienda y discusión no pequeña por parte de Pablo y Bernabé contra ellos" (Hechos 15:2). ¿Cómo iba a resolverse el argumento? "Los hermanos determinaron que Pablo, Bernabé y algunos otros de ellos subieran a Jerusalén a los apóstoles y ancianos para tratar esta cuestión". De esta manera, la iglesia podía tener unidad.

"Entonces los que habían sido enviados por la iglesia pasaban por Fenicia y Samaria, contando de la conversión de los gentiles; y daban gran gozo a todos los hermanos" (vers. 3). Lucas nos está informando que la mayor parte de los cristianos apoyaban la misión gentil.

"Una vez llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y por los apóstoles, y les refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos" (vers. 4). Lo que había hecho Dios era parte de la evidencia. Los milagros y las conversiones respaldaban lo que estaba diciendo.

 

El debate formal

Entonces debatieron la pregunta: "Algunos de la secta de los fariseos que habían creído se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos y mandarles que guarden la ley de Moisés" (vers. 5).

Vimos en el versículo 1 que creyeron que la circuncisión era necesaria para la salvación. Aquí vemos que también creyeron que las leyes de Moisés eran obligatorias. La circuncisión era el primer paso en el proceso; creían que los cristianos deben guardar todas las leyes de Moisés.

¿Cuáles eran estas leyes? ¿Eran leyes bíblicas, o las tradiciones no bíblicas de los ancianos? Todas las otras veces que se mencionan las "leyes de Moisés" en el Nuevo Testamento se refieren a los libros bíblicos de Moisés (Lucas 2:22; 24:44; Juan 7:22-23; Hechos 28:23; 1 Corintios 9:9; Hebreos 10:28). Lucas pudo haber dicho "tradiciones", pero no lo hizo. Cualquiera que conocía las enseñanzas de Jesús ya hubiera sabido que las tradiciones no bíblicas no eran obligatorias para nadie. No tenían que debatir acerca de tradiciones judías.

Tal como la circuncisión era bíblica, lo eran también las leyes de Moisés. Se reclamaba que los creyentes gentiles debían ser circuncidados, y además, como parte del pueblo del pacto de Dios, obedecer las leyes del pacto. Una de las leyes de Moisés era que los varones debían ser circuncidados.

Hoy en día, debemos explicar que Jesús instituyó un nuevo pacto, y que los judíos creyentes eran el pueblo de Dios no porque eran judíos, sino porque eran creyentes. El ser miembro en el nuevo pacto es por fe, no por ascendencia. Pero el concilio de Jerusalén no examinó la pregunta desde esta perspectiva. Veamos cómo lo hicieron.

 

Los apóstoles hablan

"Entonces se reunieron los apóstoles y los ancianos para considerar este asunto" (vers. 6). Posiblemente docenas de ancianos se interesaron en este asunto. "Como se produjo una grande contienda, se levantó Pedro y les dijo: Hermanos, vosotros sabéis como, desde los primeros días, Dios escogió entre vosotros que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen" (vers. 7).

Pedro le recordó a la gente que Dios lo había usado para predicar el evangelio a Cornelio y a su familia (Hechos 10). Por lo que sabemos, Cornelio no era circuncidado, pero Pedro no usó ese precedente como prueba. En cambio, se concentró en los cimientos teológicos de cómo la persona es salva por fe.

"Y Dios, que conoce los corazones, dio testimonio a favor de ellos al darles el Espíritu Santo igual que a nosotros, y no hizo ninguna diferencia entre nosotros y ellos, ya que purificó por la fe sus corazones" (vers. 8-9). Dios le dio el Espíritu Santo a esta familia incircuncisa, purificando sus corazones, pronunciándolos santos, como aceptables a Él, debido a su fe.

Pedro entonces comenzó a reconvenir a las personas que querían que los gentiles obedecieran las leyes de Moisés. "Ahora pues, ¿por qué ponéis a prueba a Dios, colocando sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Más bien, nosotros creemos que somos salvos por la gracia del Señor Jesús, del mismo modo que ellos" (vers. 10-11).

El punto de Pedro es que el yugo de Moisés era una carga que los judíos no pudieron llevar con éxito. Esos rituales mostraban que, no importaba lo duro que la gente se esforzara, nunca podían ser perfectos. Mostraron, para cualquiera que se preguntara, que las obras nunca pueden llevarnos a la salvación. La salvación se obtiene de una manera diferente, por gracia. No podemos ganarla, así que se nos tiene que dar.

Ya que la ley de Moisés no puede traernos la salvación, no hay necesidad de obligar a los gentiles a guardarla. Dios les dio el Espíritu Santo y mostró que los acepta sin todos esos rituales. Son salvos por gracia, y los judíos también lo son.

Si seguimos la lógica de Pedro, veremos que los judíos creyentes tampoco tienen que obedecer las leyes de Moisés. Son salvos por gracia a través de la fe, al igual que los gentiles. El antiguo pacto ha caducado, así que sus leyes ya no son obligatorias para nadie, y por esa razón Pedro podía vivir como un gentil (Gálatas 2:14). Pero nos estamos adelantando. En Hechos 15, la pregunta solamente es si los gentiles están obligados a guardar las leyes de Moisés.

 

El juicio de Santiago

Después de que Bernabé y Pablo contaron acerca de las "señales y maravillas" que "Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles" (Hechos 15:12), Santiago habló. Como líder de la iglesia en Jerusalén, tenía mucha influencia.

Algunos de los judaizantes aun lo consideraban su autoridad (Gálatas 2:12), pero Lucas nos dice que Santiago estaba en completo acuerdo con Pedro y Pablo. "Cuando terminaron de hablar, Jacobo respondió diciendo: Hermanos, oídme: Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles para tomar de entre ellos un pueblo para su nombre" (Hechos 15:13-14).

El hecho de que Dios ya ha obrado era evidencia poderosa. Santiago entonces cita de la traducción griega de Amós para mostrar que las Escrituras están de acuerdo con lo que estaba pasando (vers. 15-18). Pudo haber utilizado otras profecías del Antiguo Testamento también, acerca de los gentiles siendo incluidos entre el pueblo de Dios.

La experiencia y las Escrituras señalaban la misma conclusión. "Yo juzgo que no hay que inquietar a los gentiles que se conviertan a Dios (vers. 19). No hay necesidad de requerir el yugo de Moisés, porque eso haría las cosas innecesariamente difíciles para los gentiles conversos.

 

Moisés es predicado

No debemos hacerlo difícil para los gentiles, dijo Santiago. En cambio, será suficiente darles cuatro reglas, las cuales serán fáciles para ellos cumplir. ¿Por qué darles estas reglas? Note la razón que da Santiago: "Desde tiempos antiguos Moisés tiene en cada ciudad quienes le prediquen en las sinagogas, donde es leído cada sábado" (vers. 21).

Santiago no estaba exhortando a los gentiles cristianos a asistir a las sinagogas. No estaba diciendo que debían escuchar las leyes de Moisés.

En resumen: Algunos hombres dijeron que los gentiles debían ser circuncidados y obedecer las leyes de Moisés o si no lo hacían, no podían ser salvos. No es así, dijeron los apóstoles.

Los gentiles son salvos por gracia y fe. A Dios le complace morar en personas que no son circuncidadas y que no observan los rituales.

Pero ya que Moisés es ampliamente predicado, necesitamos dictar un decreto que claramente distingue la fe cristiana de la ley de Moisés.

Esto agradó a toda la congregación, entonces lo escribieron en una carta y la enviaron a Antioquía, donde "se regocijaron a causa de esta palabra alentadora" (vers. 31).

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